Mujeres y brujas. La relación del mundo femenino con la noche y la magia

Mujeres y brujas. La relación del mundo femenino con la noche y la magia

¿Qué relación hay entre las mujeres, la magia y la noche? ¿Por qué las sociedades patriarcales siempre han asociado a la mujer con estos ámbitos?

Todas las culturas mediterráneas, y muchas de otros ámbitos del mundo, han relacionado de forma más o menos clara la hechicería con el ámbito femenino, por un lado, y con la noche y lo nocturno, por otro. Es en este contexto en el que la bruja encuentra el porqué de su existencia. La bruja es, ante todo, un personaje liminal, un personaje que vive al margen de las leyes de los hombres. Por este motivo es necesario que sea una mujer, y que su ámbito de actuación sea la noche. La bruja es, en primer lugar, mujer, pues la mujer, en la mayoría de las culturas indoeuropeas, es un ente que no pertenece del todo a la sociedad ciudadana. No tiene derechos, no participa en las asambleas, no sirve en el ejército. El hombre se considera a sí mismo el centro del mundo, y sitúa en los límites todo lo que no es masculino, incluidas las mujeres. La bruja es una criatura nocturna, porque la noche es el ámbito de actuación de todo lo que no forma parte de la sociedad, de lo peligroso, de lo incierto, de lo que no sigue las normas. Lo correcto, lo bueno, se hace a la luz del día, sancionado y beatificado por la presencia del sol. Lo malo, lo desviado, lo que transgrede las leyes, se hace por la noche. Los robos, los asesinatos y los hechizos se hacen por la noche. Tres elementos liminales que coinciden en un mismo personaje: magia, nocturnidad y femineidad. Los tres definen a la bruja, los tres son parte de su esencia. 

Pese a que las brujas han sido estudiadas por los historiadores como personajes reales que fueron y son, y por los filólogos como personajes de ficción que han estado presentes en la literatura de todas las épocas, han sido posiblemente los antropólogos los que han realizado un aporte más integral al estudio de esta figura universal. Basta echar un vistazo a la obra de divulgación ya clásica de Julio Caro Baroja, «Las brujas y su mundo». En este estudio, no por conocido y vendido menos valioso, Caro Baroja ofrece una interesante introducción a la figura de las brujas desde una visión antropológica. Haciendo un estudio de mitología comparada, concluye que las sociedades tradicionales europeas, base de la civilización occidental actual, han relacionado siempre la noche con lo femenino. Ejemplo de ello son las muchas diosas que protegen este ámbito en general y la luna en particular. La diosa Selene, asociada finalmente con Artemisa, es la representación arcaica de la luna, y aunque no suele estar imbuida de un carácter negativo, sí suele ser perjudicial para los varones, aunque sea de forma involuntaria. Recordemos el mito de Endimión, enamorado de la luna y condenado a dormir un sueño eterno que le permite seguir siendo bello a ojos de su amada Selene. Fue posiblemente este carácter esencialmente femenino y esa amenaza latente hacia los varones, lo que acabó asociando a Selene con Artemisa, diosa virgen de la caza y enemiga de todo lo masculino. Por otro lado Apolo, hermano mellizo de Artemisa, acaba siendo asociado con Helios, el sol, un personaje benéfico que ofrece a los mortales el calor y la luz necesarias para la vida. Si entendemos la mitología como una construcción ficticia que consagra los valores de una sociedad, podemos observar, por tanto, como la cultura clásica consideraba la noche y la luna como elementos peligrosos para el varón, mientras el día y el sol eran sus aliados. 

mujeres brujasPor otro lado, Caro Baroja señala la relación de la noche, la luna y lo femenino con la muerte. La muerte es algo que, por mucho que algunas culturas llegaran a hacer de ella centro de la civilización, siempre es visto como algo negativo. Todos los humanos temen lo que rodea a la muerte: el sufrimiento, la decadencia física, la nostalgia, la pérdida de los bienes materiales. La muerte es, además, una fuerza incontrolable, algo sobre lo cual los varones no pueden legislar en sus asambleas realizadas a la luz del sol. La muerte escapa al control de los hombres, es otro elemento liminal que no sigue ley ninguna. Se produce, por tanto, esta asociación de la muerte con la noche, la luna y lo femenino. Se produce, en definitiva, la asociación de la bruja con el mundo de los muertos. De ahí que en la literatura encontremos a las brujas asociadas casi siempre con la necromancia, el uso de los muertos, o de partes de los muertos, para hacer hechizos que llegan incluso a torcer la voluntad de los dioses.

Un mundo liminal, un mundo al margen de las normas de los hombres, un mundo caracterizado por la oscuridad y por las presencias femeninas maléficas. El mundo de la noche, la luna y la muerte. El mundo de las brujas. 

 

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